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lunes, 13 de noviembre de 2017

Mi boca

Tengo en mi boca
palabras sueltas,
y  rima loca
de idas y vueltas.

Mi boca grita.
(¡Se lo prohíbo!)
Siempre me imita,
mientras escribo.

No digo nada.
Siempre que pienso
en la alborada,
soy muy intenso.

Ella se enoja.
Quiere que grite.
Ella se moja
como un desquite.

Digo mi verso
a medianoche.
Y le converso
de su reproche.

Nos acostamos
(siempre desnudos).
Luego, soñamos;
quedamos mudos.

domingo, 5 de noviembre de 2017

El sol

El sol cayó en un pozo
profundinegro casi melancolísimo.
Herido pedía auxilio en medio del bosque.

El sol cayó con la infancia de muchos milenios
y se volvió pensativo.
Creía, solo en sus delirios, que sería hermoso,
pero ya lo era.
Pensaba que era un fénix, pero ya lo era.
Se odiaba, mas era amado.
Conocía la gravedad, los universos,
las voces que nadie ha escuchado,
las mañanas previas al regreso,
el escándalo del Himalaya,
a los perdidos en los Andes.

Se  perdió en su golpeado orgullo
y no supo valorarse a sí mismo.
Nadie le daba aliento porque era el sol:
ese guardián de constante de las especies.

El sol se calló ese día:
eran una multitud de fuego,
un hombre y una cruz,
un acto de amor.
Lo vio todo con sus propios rayos.
Alguien le dijo que  se fuera,
que eclipsara,
que no sufriera, y sufrió.

Me acordé de su verano;
lo sentí adentro: en mis pulmones,
en mi estómago,
tráqueas, costillas, columna vertebral,
hígado, pantorrillas, corazón y ojos.

CaEminé hasta ese lugar para socorrerlo.
Estaba moribundo; le saqué el corazón
y como a una semilla lo planté lejos.
Allí amó a los hombres y perdonó sus ofensas.

El mar de Punta del Este


Aunque el mar emana bocanadas de fuego, las gaviotas bailan.
Se agita con cada huracán
que desata, uno a uno, los cordones de su zapato;
se tienta a sumergirse en los profundos insomnios
del oleaje, por la mañana.
Y los barquitos blancos, que parecen juguetes de niño,
se vuelven papel sobre su pecho.

Amo el mar Puntaesteño y él de ama.
Quiere discutir sobre mi escritura maldita
con esos pensamientos.
No sé si es justo el poderío que tiene;
no sé, tampoco, si observa la iniquidad del mundo
que lo mira; y se vuelve malévolo.
Saborea la piel de las mujeres, y se siente atraído
por tanta perfección; las confunde con las náyades.  
Siente cada ahogo como si fuera suyo y se castiga por ello.
Y entonces el mar entiende que es el mar… 

Me confiesa que sabe a bilis la poesía insípida y arenosa
que se lee frente a él, que todos hacen lo mismo, que la gente
es un botón en su inmenso camisón azul,
que hay un batallón de tiburones a la espera de más infelices.
¡Ese es el mar que yo quiero!
¡Rebelde y contestatario!
¡Mi amigo!
Hay una señorita llamada Gorriti a la que le hace el amor
sobre la alcoba del Atlántico.
Es un caballero de fabulosa armadura,
vencedor de innumerables batallas contra la estupidez.
Pero, solo, no puede acomodarse el cabello y acicalarse;
no puede, ni si quiera, ponerse corbata en la mañana.

Cuando llega enero suena una  sinfonía de Stravinsky en sus oídos.
Medita, aspirando la buena nueva del invierno, esa estación
donde me siento con él a reclamarle sabiduría.
Nos vemos cara a cara, los dos; nos despedimos, y hacemos cuenta
que nunca nos conocimos. 

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Nostálgico

Para María Cristina Dutto e Inés Nogueiras


Me puse nostalgiquísimo con el goteo
de una lluvia que no para ni siquiera
a la hora del café, y allí están las mismas.
Dos musas radiantes de inteligencia
que se adentran en una fecha oportuna.
La una, tan parecida a mi madre, que habla
con esa condensación de años,
de lo absurdo mayusculístico
de esa estúpida antilinguística;
oh maestra que te pareces, nostálgicamente,
a mi hogar, a los cafés, a mi familia.
La otra, tan intelectual como el siglo,
que se muestra frente al  paredón humano,
y la siento tímida; oh presencia otoñal
que batallas con el mismísimo mismo.

Las observo entre puntuaciones,
en cada contracción de tiempo,
y son eternamente salvajes, vivaces, humanas.
Nos entregan su conocimiento
sin interrumpir las preguntas ignoraicas
que hacemos los intelecnorantes.
¡Qué sapiencia su vida!

Que mi homenaje se haga una oración
para las mismas, las musas dedicadas
a la nostalgia ortográfica.
Que zeta la a, que coma el punto seguido,
que mayúscula la sigla, que minúsculo el gerundio.
Y tanto amor por la enseñanza
en la sala antigua donde se respira Montevideo,
genialidad y unas vocales infinitas con olor a café.

sábado, 28 de octubre de 2017

Legado

Dejaré con mi muerte….: Brillo para mis sombras,
un amorío de sueños, un abrazo de amigo,
un espejo de amor, el perfume de auroras,
un vendaval de besos separando el olvido.

Una palabra quieta que me sepa a mañana,
y quiera acompañarme si muero en el delirio;
un amor de presente con siluetas del agua
que perfuma los mares en un verso infinito.

Una mirada tierna de esposa solitaria
que acompañó al humano que se perdió en la tierra:
una mujer hermosa (parecida a la magia)
doblegando al destino con su dulce belleza.

Aquel amor materno plagado de memorias
en una tierna casa que enamorarme quiso:
ese pequeño cuarto… (Desayuno de sobras)
y las locas nostalgias que esperaron cariño.

Me llevaré palabras a la tumba serena
para no decir algo que me valga la muerte;
quiero que el mundo diga versos, frente a su mesa,
convertidos en flores embriagadas de viernes.

Y las noches, sin claros, vuelvan a ser rocío
de los amantes locos que olvidaron el jueves
de la semana santa…y parecen perdidos
en el mar del deseo que naufraga silente.

Dejaré con mi muerte…: La dulce melodía
sonando por las noches, mientras duermo desnudo;
las notas musicales que traslucen la prisa
sobre los manantiales de mi querer fecundo.

Dejaré mi silencio para que nadie diga
que me conoció poco, con el mundo a mi paso;
dejaré mis anhelos escritos con la tinta
que me ha sabido al dulce de los días amargos.

Las lapiceras rotas posadas en el sueño
blandengue de las urbes donde el mundo es el mundo,
para que no me esperen, por si nunca regreso
del camino más frágil que derrotarme pudo.

La tinta de mis versos que se hicieron gorriones
y la voz de la luna perdonando mis egos;
el amor y el idilio diluyendo sus voces
en cuanto libro tuve, y lo dejé entre abierto.

Dejaré con mi muerte…: La duda matinal
de mi abrazo paterno con  mi niño sonriente,
porque no fui buen padre ni me convertí en mar
cuando el pequeño quiso que viva con él… Siempre.

Y he querido explicarle  de su padre imperfecto
que quiere ser poeta desafiando al destino;
pero ya no me escucha –y se muestra indispuesto–,
y me guardo en el ser sus recuerdos de niño.

Dejaré con el mundo las sangrientas batallas,
los sátiros orgullos de proclamas valientes;
el corazón vencido como alguna fogata
que ha tenido una pena dibujada en la frente.

Los bardos que arremeten su prosa en frenesí
serán las marejadas de inspiración funérea,
que van sobre mi tumba como el gran Mio Cid
que lo escribió la mano de una imagen secreta.

Dejaré con mi muerte: Los escombros humanos
de mi humanidad turbia para no decir tiempo
cuando el tiempo se muere a los pies del ocaso,
que me ha sabido a goce, en medio del infierno.

Las gotas de mis ojos serán lágrimas salvas
para que nadie llore si me alejo del mundo,
pues, se hablará en otoño, lo que escribí con ansias
en primavera triste que ha perdido el orgullo.

Dejaré mis esperas junto a mis arrebatos
en la playa de Dios, donde todo es sencillo,
para no escribir versos que jamás dicen algo,
y tampoco predican un mensaje escondido.

¡Mejor, no dejo nada! No quiero que entristezcan
cuando lean la carta que se que quedó en el nunca,
porque soy una frase con afán de poema
y soy el pensamiento de sonrisa oportuna. 

jueves, 26 de octubre de 2017

Poesía (Soneto)


Poesía es mirar el universo.
Entender la metáfora del todo
y la nada. Sentir dentro del lodo
y la sequedad esa voz del verso.

Poesía es mirarte siempre inmerso
en el aprendizaje —codo a codo—
para después seguir a nuestro modo,
rompiendo reglas con lenguaje terso.

Poesía es decirle al conformismo
que se funda en cloacas modernistas,
porque cualquiera rima de sí mismo

y confunde los versos anarquistas
con la intensión del ego y de su abismo.
¡Piensan que son poetas los prosistas!




miércoles, 25 de octubre de 2017

La vida (Romance)


La vida tiene un sonoro
amanecer en el tiempo:
se parece a las gaviotas
que van surcando los cielos.
En la infancia, es el aroma
que nos sonroja de besos;
en la adultez, es el alma
que nos prolonga el silencio,
para no decir las cosas
que viven en el recuerdo
como relámpagos locos
en un mundo tan inquieto.
Así es la vida: Lunática…
cuando nos roba los sueños
en medio de ese crepúsculo
de ironías e improperios.
Hay que entender la  razón
de haber nacido en el eco
de los que no se conforman
con el agua o con el fuego.
¿Acaso son nuestros ojos?
¿Hemos nacido blasfemos?
El humano se contenta,
a veces, con ser nexo
del segundo y del minuto.
(Y pregunta: ¿Qué es aquello?)
La vida tiene horizontes
donde uno se hace más viejo
y obtiene sabiduría
con un abrazo y un beso.
La vida no es cosa simple
como un lindo nacimiento:
es aceptar de su mano
todo lo malo y lo bueno.