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jueves, 1 de mayo de 2014

Madre


A Magna Ramìrez Altamirano

Mi madre es aquella dama
que secreta sus anhelos
en difuminados cielos,
cual pajarito en su rama.
Su fuerza enciende la llama
de una preciada coherencia,
sólo su ser es la esencia
si la nostalgia me invade,
y hace que en sus brazos nade
implorando su presencia.

Mi madre es ese farol
de nubes grises y blancas,
es ese parque de bancas
tibias a la luz del sol.
Mi madre es un arrebol
santo en el Dios más perverso,
es un tramo de universo
en este tiempo fallido,
es el perfecto latido
si se disloca, mi verso.

Mi madre es frágil espuma
de una caricia embriagada,
mi madre no tuvo nada
pues la riqueza le abruma.
Mi madre es como ese puma
que al caminar se hace fuerte,
es un colmillo a la suerte
de una selva sin coraje,
mi madre es ese paisaje
que no le teme a la muerte.

Mi madre dormita oscura
sin etérea compañía,
mi madre es la simpatía
de la soledad más pura.
Mi madre viste ternura
si la luna se adormece,
su amor a solas se mece
en sábanas de calvario,
su virtud es un rosario
que al ocultarse amanece.