domingo, 28 de agosto de 2016

A mi amada

Te alejaste de mi ser
en el otoño contrito
que te llevó al infinito
olvidando mi querer.
Amada, te puedo oler
en el caer de las hojas
mientras, al sol, te despojas
apacible de inocencia…
Y te siento en la sentencia
de mis pasos si te enojas.

¡Regresa! ¡Árbol de miel!
¡Oh sí…! ¡Perdóname  pronto!
Cariño me siento un tonto
en las hojas de tu piel.
Vuelve a casa de papel
donde yace mi esperanza
consolando la confianza
que perdí al estar contigo…
Permíteme ser tu amigo
y recobrar nuestra alianza.

Llego a tus pies… y me abrazo
tan fuerte sin un reproche
entre aullidos de la noche
ausentando tu rechazo.
Llevas contigo un pedazo
de pálpito enfurecido.
Amada, nunca he sabido
amarte como mereces:
como el mar ama a los peces
bajo un cielo embravecido.

Me crucifico en tu hueso
dolido por ese error
en el campo del amor
donde el llanto, me hizo preso.
¡Me voy! Lloro tu regreso
porque no supe quererte
cuando me llegó  la suerte
y sólo quise ser hiedra…
¡Sabrás! Sólo seré piedra
y lágrimas con la muerte.